Tal día como hoy, 6 de junio, pero de 2012: Nos dejaba Manolo Preciado

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El verano asomaba aquel 6 de junio de 2012, que debía estaba llamado a ser un día como otro cualquiera. En España, los aficionados al fútbol esperábamos con ansia el comienzo de la Eurocopa y la Selección ya se concentraba para afrontarla. Un trofeo que acabaríamos llevándonos para casa y terminaría por consolidarnos en la cima futbolística mundial. No obstante, durante el torneo tuvimos a un ángel de la guarda que nos ayudó en cada parada camino del éxito. Aquel que subió al cielo ese 6 de junio: Manolo Preciado.

Ese día el entrenador cántabro falleció a los 54 años a causa de un infarto, tan solo unas horas después de que el Villarreal anunciase su fichaje. “Con profunda tristeza, el Real Sporting de Gijón muestra su pesar por tan triste pérdida, por quien forma parte de la historia del club con letras doradas, y envía sus más sentidas condolencias a su familia en estos momentos de dolor”. Con estas palabras anunció el Sporting su muerte.

Manolo Preciado era una persona con mayúsculas. Su carácter afable, muy cercano a los jugadores, en ocasiones contrario a los organismos de poder, le convirtió en un hombre muy querido en todo el mundo futbolístico. Pero, sobre todo, era un ejemplo de superación, un luchador. “La vida me ha golpeado fuerte. Podría haberme hecho vulnerable y acabar pegándome un tiro, o podría mirar al cielo y crecer. Prefiero la segunda opción”, dijo a finales de abril de 2011.

Entonces, su padre acababa de fallecer atropellado por un vehículo, algo que hizo despertar los fantasmas de su pasado. En 2002, el técnico cántabro recibió su primer revés importante en la vida: Puri, su mujer, fallecía por un cáncer. Con 45 años se quedaba viudo y con dos hijos. Dos años después, la desgracia volvía a cebarse con él: su hijo menor, Raúl, perdía la vida a los 15 años al estrellar su motocicleta con un muro.

En todos los golpes recibidos, Preciado se refugió en el fútbol y, lejos de mostrar su trágica vida al mundo, transmitió alegría y optimismo a sus jugadores y a todas las personas que estaban a su lado. Como futbolista, jugó en el Racing, Linares, Mallorca, Alavés, Ourense y Gimnàstica de Torrelavega, club en el que debutó como entrenador en 1995. Como entrenador, logró cinco ascensos a diversas categorías, dos de ellos a Primera, con el Levante en 2004 -después de casi 40 años sin subir a la máxima categoría- y con el Sporting en 2008.

Uno de los que entonces mostró sus condolencias por su muerte a través de una carta fue José Mourinho, del que Preciado llegó a decir en 2010 que “era un canalla y un mal compañero” por insinuar que el Sporting regalaba puntos al Barça. No obstante, su relación cambió después de que el portugués se interesase por el tras el fallecimiento de su padre. “Estoy muy agradecido con su comportamiento y él me tiene mucho afecto. Es un number one”, dijo entonces.

Cuando uno se fija en la vida de Preciado casi se avergüenza por elevar al cielo sus quejas por problemas que son, en realidad, triviales. Qué lastima que precisamente las personas que necesita el fútbol nos digan adiós tan pronto.

La carta de despedida de José Mourinho

“No soy nadie para pretender ensalzar la vida de Manuel Preciado, que se ha partido en mil pedazos hoy. Pero como colega y hombre de fútbol deseo en este durísimo momento enviar mi humilde mensaje de dolor a todos los suyos, a su famila, a su gente del Sporting, del Racing, del Levante y del Villarreal, club al que seguro iba a rescatar de la Segunda División; a todos los equipos en los que dejó su huella.

Manolo fue siempre un rival digno, al que descubrí bien cuando se acercó a visitarnos, el pasado mes de marzo, a la Ciudad del Real Madrid, en Valdebebas. Él tenía todo aquello que me gusta de las personas y de los deportistas: carácter, transparencia y valor para luchar contra los golpes, que fueron cruelmente duros en su caso. Nos ha dejado una figura del fútbol y sobre todo una persona muy especial. Todo mi ánimo y apoyo para los que le apreciaron de corazón. Mi recuerdo por él será sentido y permanente”.

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