Orgullosos de nuestro equipo, ¡ya estamos en la final!

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orgullosos equipo
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Ya estamos en nuestra decimoquinta final de la Copa de Europa. Sobre 62 torneos. Casi una de cada cuatro. Camino de ganar la duodécima, casi una de cada cinco. Ese es el Real Madrid. El equipo que más lustre da al mejor torneo continental en una relación simbiótica. En Cardiff nos espera la Juve. Pero eso será el 3 de junio. Mientras tanto, es para ir demostrando lo orgullosos que estamos de nuestro equipo.

Para llegar ahí hemos tenido que sufrir. Como se sufrió en los cuartos ante el Bayern. Muchos creían que con el 3-0 de la ida todo estaba hecho. Ni mucho menos. El Madrid sabe de qué van las remontadas y cómo se consiguen. Conocía lo que le esperaba en el Calderón y no pudo, desde el otro lado de la barrera, capear el temporal. El Atlético sabía la teoría y casi acierta en la práctica. Pero le falló algo que no preveía, que la tuviera tan cerca desde el principio.

Hasta ese punto tuvo que llegar el Real Madrid para despertar. Dos goles en el primer cuarto de hora pusieron en el borde del abismo a los que vistieron de negro en el último encuentro del Calderón. En ese punto, incluso antes, emergió Isco, el mejor jugador sobre el verde. El que más quiso la pelota, el que hizo que los de Zidane empezaran a tener el balón, a desesperar a los rojiblancos, que solo podían parar los rondos blancos en falta.

 

Ritmo desenfrenado al inicio

Además Isco se llevó el premio del gol que, al borde del descanso, alejó definitivamente todos los peligros y fantasmas tras una genialidad de Benzema. Ellos dos más Navas, con unas cuantas paradas providenciales, fueron los actores principales de la clasificación madridista para la ciudad galesa.

Se podría decir que el partido empezó como una película de James Bond, con unos primeros minutos a todo trapo, al ritmo que imponían los rojiblancos: acciones rápidas, robos rápidos. Antes de los goles, Navas detuvo un tiro de Koke y Oblak evitó un tanto de Casemiro. Acto seguido, Carrasco ejerció de Carrasco y su egoísmo salvó al Real Madrid de encajar el primer tanto.

No era el tipo de partido que le interesaba al Madrid, pero era lo esperado. Casi hasta se descontaba que se podía recibir un gol, algo que llegó cuando Saúl se adelantó a la zaga blanca en un córner para batir a Navas. Lo que no se podía esperar es que minutos después llegará un penalti de Varane a Torres que transformó Griezmann. Y ahí el Atlético dio un paso atrás y ahí el Madrid demostró su temple y su control de la situación empezando a primero enfriar el partido y luego gobernarlo.

 

La genialidad de Benzema

En el minuto 42 llegó la genialidad de Monsieur Benzema que con un gesto se deshizo de los tres centrales rojiblancos sobre la línea de fondo. También hay que destacar la pillería de Cristiano, raudo en el saque de banda. El francés, tras dejar atrás al trío rojiblanco, centró a Kroos, Oblak volvió a ser un muro, pero Isco estaba allí para rematar.

En la segunda parte el Atlético ya dejó de creer, algo que nunca se permitiría el Real Madrid. El partido estuvo más para la victoria blanca, como en el obús inicial de Cristiano en una falta lateral que rechazó el meta esloveno, que para que el Atlético se rearmara. Ahí Navas tuvo toda la culpa sobre todo en la doble parada a Carrasco y Gameiro mediada la segunda parte.

Benzema pudo coronar su partido con un tanto de cabeza que buscaba la escuadra. O en otra acción en la que se zafó de varios defensas. Con el paso de los minutos, todos se dieron por contentos con los efectos del marcador. El  Real Madrid, a Cardiff; el Atlético, al Metropolitano.

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