El otrora equipo de la pegada implacable está falto de gol

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El que fuera el equipo de la pegada implacable está falto de gol
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El Real Madrid 17-18 no es que haya perdido la pegada, cosa evidente cuando se lleva un tercio menos de goles que hace un año. Es que hay días en los que aunque el juego mejore, no hay son ocasiones claras de marcar. Eso ha ocurrido en San Mamés. El partido se presentaba como una manera de examinar al candidato Kepa, sea en enero sea el próximo verano, a la portería blanca. Pues no hubo manera. Sólo sabemos que domina el área, que sale más allá de perímetro chico. Poco más que detallar en los informes de los scouting. Los encargados de ponerle en aprietos no tenían la mirilla bien calibrada.

La jornada se había puesto trascendental horas antes del inicio del encuentro. El pinchazo culé en casa ante el Celta predisponía para otro mordisco a la desventaja en la tabla. Si la Liga fuera una vuelta ciclista, y después de que el último vencedor de la carrera perdiera tiempo en las primeras jornadas, se veía la etapa de ayer como un día en el que el líder empezaba a dar síntomas de debilidad. Era hora de lanzar un envite por mucho que el Athletic nunca ha puesto facilidades para ello. Pero este año parecen menos leones, además muy heridos por el desastre copero. Pero como muchos otros equipos, grandes y pequeños, se crecen ante las camisetas blancas.

Dos postes y poco de Kepa

La historia del encuentro, y quién sabe si de la Liga, podía haberse escrito diferente en el minuto ocho. Fue el momento en el que el gatito Benzema se encontró con la cepa del poste. Fue una jugada bella, de clase del francés, que bajó con el pecho en el área un servicio de Isco y remató ante la estatua de Kepa. Minutos después, Keylor sí tenía que afanarse en sacar un remate abajo de Aduriz. El partido había empezado con un toma y daca y presencia en ambas áreas, aunque sin mucho peligro.

Con las defensas imponiéndose a los ataques, Kroos empezó a buscar la ofensiva en la media distancia con tiros desde fuera del área. La mayoría morían en los cuerpos de los zagueros vascos. El Athletic llegaba menos pero con más peligro y un centímetro evitó que Aduriz llegara a solucionar una jugada de estrategia de los de Ziganda. En el minuto 36 llegó la ya desesperante y semanal ocasión de Cristiano, esa que en años anteriores nunca perdonaba y ahora desperdicia de mil y una maneras.

Monólogo blanco tras el descanso

En la segunda parte el Madrid fue in crescendo en busca de la victoria. Al Athletic cada vez le duraba menos la pelota. A veces no llegaba ni al tercer pase y por supuesto sin pasar la medular. Modric se había adueñado del partido y era omnipresente. En el minuto 72 el que probó el material de los postes de San Mamés fue Cristiano. Al menos sirvió para saber que con más puntería Kepa hubiera llegado con sus reflejos felinos. Más tarde, Arrizabalaga, como pone en su espalda, no se anduvo con chiquitas y puso los puños en un tiro de Marcelo.

Faltaban menos de diez minutos cuando Zidane cambió cromos poniendo en liza a Kovacic y a Mayoral. Sin Asensio y sin Bale pocos recursos ofensivos existen más allá de que no hay otra bala que Mayoral para la punta de ataque.  Y la confianza en el canterano es poco más que a título de inventario. Es síntoma evidente de la pérdida de confianza en el banquillo.

Tres bajas por sanción ante el Sevilla

La cuestión es que los problemas se le empiezan a acumular al francés. No solo tiene que mirar hacia adelante y los ocho puntos y dos equipos de por medio de distancia al liderato. Hay que empezar a ojear el retrovisor. El siguiente partido es un Sevilla que llega al Bernabéu en igualdad de puntos. La Liga ya no es que cada vez esté más difícil. Es que empieza a complicarse la clasificación entre los cuatro primeros para la próxima Champions. Parece imposible que esto ocurra, pero cuidadín. Porque el ínclito e hiperactivo Mateu Lahoz nos dejó en cuadro para el próximo partido con la expulsión de Sergio Ramos y las quintas tarjetas a Carvajal y Casemiro.

Al final casi podemos dar por bueno el punto. Tras la expulsión del capitán, que rechina cuando se ve que Raúl García acabó el encuentro sin una misera amarilla cuando se reparten estopa y lecciones de cancherismo entre ambos, el Athletic asedió el área blanca en los diez minutos finales. Pero como en todo el partido, no hubo ni una ocasión que merezca tal nombre. La esperanza es que aún queda mucha Liga (más de media sin ir más lejos). Más pronto que tarde recuperemos lo que se denomina pegada y el Barcelona seguirá dando oportunidades.

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