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Tenemos otra gran oportunidad

Era ya la madrugada del 26 de mayo de 2005 en el Estadio Olímpico Atatürk de Estambul. El Liverpool acababa de proclamarse campeón de Europa tras dos horas de fútbol antológicas. Cuando todavía no se habían ocupado todos los asientos Maldini había rematado a la red una falta botada por Pirlo. Más tarde, poco antes del descanso, ‘Valdanito’ Crespo agravaba la herida ‘red’ finalizando dos estupendas jugadas -la segunda con un descomunal pase en profundidad de Kaká- que dejaron el marcador en un prácticamente definitivo 0-3 cuando llegó el intermedio.

Pero los de Rafa Benítez protagonizaron una catarsis en el segundo periodo que les llevó a igualar el partido en cinco minutos. Primero con un impresionante remate de cabeza de Gerrard, seguido de un zapatazo de Smicer y el rechace de la parada de Dida a un penalti por parte de Xabi Alonso. Todo del 54 al 60. No habría más goles ni en el tiempo reglamentario ni en la prórroga. En los penaltis Dudek se hizo gigante y el Milán perdió una Champions League que tenía en el bolsillo.

Dos años más tarde, en otro estadio olímpico, esta vez el de Atenas, volvían a enfrentarse los mismos equipos. Los entrenadores (Carlo Ancelotti y Rafa Benítez) repetían, y muchos jugadores también. Esta vez el Milán planteó un partido más cerebral, y le salió bien. En el último instante del primer periodo “Pippo” Inzagui desviaba un libre directo ejecutado -otra vez- por Andrea Pirlo. Y en la segunda parte el mismo Inzagui definía a la perfección tras un milimétrico pase de -otra vez- Kaká. Dirk Kuyt haría revivir todos los fantasmas a la afición “rossonera” en los últimos minutos, pero la Champions se fue para Italia. Dos años más tarde, el Milán se tomaba su particular revancha, se dijo. Pero realmente estaba escribiendo su propia historia.

¿Por qué borró esto lo ocurrido en la final de Estambul? En absoluto. Fueron dos finales distintas. Dos trofeos. Dos glorias. Seguramente la plantilla milanista saboreó el hecho de poder alcanzar el cielo contra la gran mayoría de los jugadores que les habían privado de ello dos temporadas antes, pero no les arrebataron ese momento. Escribieron otro.

Lisboa ocurrió, y eso nada ni nadie lo va a cambiar. En aquel momento, recuerdo sentir un orgullo muy fuerte por mis jugadores y un vacío importante ante el hecho de que habíamos desaprovechado la que probablemente fuera la única oportunidad de ganar al Real Madrid el partido de los partidos. Pues no. Resulta que dos años después tenemos una nueva oportunidad. Otra vez contra ellos.

No fuimos capaces de hacer historia en 2014 y ahora este grupo de jugadores tan maravilloso vuelve a tener al alcance de la mano ponerse en lo más alto de 113 años de solera de un club que ha vivido multitud de momentos dichosos, pero que también ha conocido la Segunda División, no pisar Europa en años o ver cómo su joya canterana más preciada tenía que salir dirección a Liverpool. Todo esto hace muy poco. Tan poco, que esa joya saldrá de inicio el sábado en Milán para intentar dejar el nombre del Cholo y sus muchachos a la altura que merecen dentro de la historia del club. La máxima.

Simeone ha conseguido reunir a toda una hinchada, unos jugadores y una institución en torno a una idea. Algo harto complicado, pero de poder hacerse en algún lado, era aquí, en él Manzanares. Porque esos 50.000 que llenaron el estadio contra el Bayern también lo llenaban contra el Polideportivo Ejido en los años de plomo. Aquello sí fue doloroso. Volver de allí abajo sí fue una revancha. Esto no, esto es mucho mejor. Es otra oportunidad. Otra gloriosa oportunidad.

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