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Quiero volver a Lyon para ganar

Empieza una nueva andadura del Atleti en la Europa League. Ya sabemos que no es lo que los colchoneros querríamos a estas alturas de la temporada, pero es lo que hay. Quizás sea la única opción que tenemos de ganar un título desde la Supercopa de España ganada en agosto de 2014 (aunque estamos bien posicionados en Liga no tengo muy claro que realmente tengamos opciones de ganarla).

Al margen de lo anterior, esta Europa League, para mí tiene un valor emocional especial. Un 2 de mayo de 1986 (hace la friolera de 32 años), el Atleti jugó ahí la final de la, entonces, Recopa de Europa. Como los más jóvenes no conocen esta competición, la explicaré muy brevemente. La Recopa era la competición que jugaban sólo los equipos que habían ganado la Copa de su país. Es decir, que era la Copa de Europa de los vencedores de Copa. De ahí que, en España, al ser dos veces Copa, se le llamara Recopa.

¿Qué tiene que ver esta Europa League con esa Recopa, para que tenga valor sentimental? Ese 2 de mayo de 1986 la final se jugó en Lyon. Y para mí, ahí empezó todo. Fue el primer viaje que hice para ver al Atleti jugar una final. Aunque en junio de 1985 fui a ver la final de Copa contra el Athletic (que al ganarla nos dio el pase para jugar la Recopa de Europa). Esa final se jugó en el estadio del ‘Paseo Marítimo de la Castellana’. Con lo que no hubo que salir de Madrid para verla. Bastó coger el Circular para ir de mi casa a ese intento de campo de fútbol.

Con la mayoría de edad recién cumplida, mi hermano y yo cogimos un autobús rumbo a Lyon. Por aquel entonces, éramos estudiantes y no tenía coche ni carné de conducir. Como el presupuesto no daba para más, la única opción fue viajar en autobús. El viaje y la entrada, apenas nos costaron a cada uno 8.600 pesetas de la época (al cambio, poco más de 50 euros). Además, tuvimos la suerte de que el viaje y la final coincidía todo con días de fiesta y fin de semana con lo que no había que perder días de clase. Así, el jueves 1 de mayo de 1986, salimos en autobús, desde la calle Princesa esquina con Evaristo San Miguel, rumbo a Lyon. Al ser nuestro primer viaje, ni que decir tiene con qué ilusión y emoción preparamos y nos fuimos de viaje.

15 horas para llegar a Lyon

El viaje en sí, no lo recuerdo mucho. Pero sí tengo el recuerdo de ver atléticos por todas partes. En todas las paradas que hizo el autobús, todo era de color rojiblanco. Después de unas 15 horas de viaje, a primera hora de la mañana del día 2 de mayo, llegamos a Lyon. Una vez en la ciudad, fueras por donde fueras, sólo se veían atléticos. Por ahí estuvimos paseando hasta llegar al Estadio Gerland. El partido empezaba a las 20:15 horas. Creo que entramos en el campo con cerca de una hora de antelació, y estaba ya tomado por la hinchada atlética. Todo rojiblanco y todos con nuestras camisetas, bufandas y banderas. En esos años, no era tan fácil conseguir una camiseta y se podía pasar a los estadios con banderas.

Esa final ha sido el primer gran desplazamiento masivo de una afición a una final. Como no podía ser de otra manera, este honor corresponde a la hinchada rojiblanca. Familias enteras fueron a esa final. Habían pasado 12 años desde que el Atleti había jugado su última final europea y el gran protagonista fue la afición.

No hablaré ni del rival ni del resultado, porque eso no es lo que importa ahora. Lo que importa es que 32 años después, el Atleti puede volver a Lyon a jugar una final. Al lugar donde para mí empezó todo porque lo que viví como atlético en ese viaje. Ppocas veces más lo he vuelto a vivir. Será porque fue la primera vez, porque era muy joven, pero sea por lo que sea, el 2 de mayo de 1986 en Lyon fue un día tlético especial.

Charleeeeeti

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