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Los fallos en defensa son un efecto de la evolución

La supuesta y reciente fragilidad defensiva del Atlético de Madrid es tema de actualidad. De debate. Los siete goles encajados en los últimos seis partidos -4 de Liga y 2 de Champions League- han puesto en tela de juicio un sistema defensivo hasta ahora admirable y digno de estudio. ¿Qué le pasa al equipo rojiblanco? Nada. No hay un problema, sólo se trata de fallos en defensa puntuales. Estamos, sin duda, ante un litigio absurdo. El Atlético, su escudo, no tiene grietas. Esos siete goles son consecuencia directa del paso adelante que ha dado el equipo de Simeone. La siguiente evolución del equipo colchonero.

El Atlético ya no es un bloque atrincherado. Ya no juega a defenderse y a buscar con infinita paciencia sus opciones. Ya no especula y espera a ver qué pasa. Ya no lanza melones al delantero de turno para que éste se peleé con la defensa rival. Ya no. Ahora es mejor equipo. Quiere la pelota, la tiene y sabe qué hacer con ella. Tiene claro cómo hacer daño al rival. La juega “cortita y al pie” que decía Alfredo Di Stéfano. Es decir, el Atlético es un equipo netamente ofensivo.

Ha crecido, ha mejorado. Sólo le vale el “ganar, ganar y volver a ganar” de Luis Aragonés. La prueba es que sólo en cuatro partidos de Liga el rival tuvo más la pelota y chutó más a puerta que el Atlético. Todo ello sin contar el balance anotador del conjunto rojiblanco, que es el tercero con más goles a favor (25) y el segundo menos goleado (8) después de 11 jornadas disputadas.

Echemos un vistazo al cacareado partido de San Sebastián y a la alineación de Simeone. Siete de los titulares en Anoeta era futbolistas de corte ofensivo: Koke, Carrasco, Saúl, Gameiro y Griezmann, además de los ‘extremos’ Filipe Luis y Juanfran. Sólo había cuatro hombres destinados ‘únicamente’ a defender: el portero, los dos centrales y Gabi, cuya función de guardaespaldas de Koke no le impide acercarse al área contraria.

 

A Oblak siempre le prueban, con o sin fallos en defensa

Con este planteamiento, es lógico que los rivales lleguen. Sobre todo si al equipo de turno le sale un partido tan redondo como el que le salió a la Real Sociedad. O si tiene el potencial de Barcelona o Bayern Múnich, en los que cualquiera te hace un reloj. Pero la realidad es que todos los equipos tienen su ocasión de gol, más o menos peligrosa. Con o sin fallos en defensa de por medio. Siempre prueban a Oblak. ¿Es esto un signo de debilidad, de fragilidad defensiva? No, rotundamente no.

¿O es que el gol de Manu García en el Atlético-Alavés (1-1) de la primera jornada fue un fallo de la defensa? No, nunca. Fue un golazo. Fue su único tiro a puerta. Por el contrario, sí fue un error el tanto que logró el Rostov, que llega tras un desajuste entre Godín y Filipe Luis. Obviamente también fueron fallos absurdos los dos penaltis cometidos por Correa y Gabi en Anoeta. Pero de ahí a que haya un problema en defensa por lo ocurrido en los dos últimos partidos. Lo dicho, un debate absurdo, de claro talante pesimista.

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