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El Niño echó el candado y la Correa al Calderón

El Niño echó el candado y la Correa al Calderón. Un chaval llamado Fernando Torres, no podía ser de otra manera, y otro joven llamado Correa. El resultado -sinceramente- casi que no importaba. Se trataba de despedir a tu casa, a tu hogar. Cánticos de todo tipo, recordando a jugadores en activo, a los retirados… a los ramos de flores de Margarita dedicados a Milinko Pantic. Era una fiesta de sensaciones, de sentimiento colchonero. Un encuentro especial, inolvidable, que además se selló con un nuevo triunfo rojiblanco. Insisto, no era prioritario. Para nada. En serio. No nos pueden entender, eso está muy claro.

La crónica deportiva de este partido estaba en un segundo plano. El Atleti tenía los deberes hechos y era la hora de los otros. De esos que han llenado el Vicente Calderón durante 51 años. Casi nada. De los que están y los que ya no. Generaciones enteras: Abuelos, padres y nietos. En femenino lo mismo. Esa familia rojiblanca que se ha hecho merecedora de ser especial, ni la mejor ni la peor, pero enormemente especial. Y jugaron un partido para quitarse el sombrero. Como tantos otros. El llamado jugador número 12 volvió a rendir como le exige el Cholo. Como siempre ha exigido cualquier entrenador. Pero, por cierto, ¿qué mejor entrenador que Simeone para despedir el Calderón? Evidente, se me ocurre uno, don Luis Aragonés. Seguro que desde donde esté disfrutó, a su estilo.

El Niño anima la última fiesta del Calderón

Pero en esta crónica aparece con fuerza Fernando Torres. No ha firmado su mejor temporada, pero tampoco hay que ponerle muchos peros. Y llega el partido más emotivo de la reciente historia del Atleti y ahí emerge el Niño. En apenas un suspiro el de Fuenlabrada anotó dos goles para la historia. El primero tras asistencia con la cabeza de Antoine Griezmann, el segundo tras otro pase con la testa de Koke. Estuvo a unos milímetros de hacer triplete. Su disparo, rechazado por un defensor, parecía entrar en la meta bilbaína. Griezmann taconeó el esférico cuando casi ya superaba la línea, pero venía de fuera de juego.

El Niño  anotó los dos primeros goles y el tercero lo hizo Correa. Pasará a la historia como el último goleador oficial en el Manzanares. Pero yo me quedó, permitan, con Fernando Torres. El gol del argentino certificó el triunfo colchonero después del acercamiento  firmado por Iñaki Williams. Y me quedo, también, con el adiós a un gran futbolista, el portugués Tiago. Asistió en el primero gol del Ateti, una más. Simeone le cambió al final del choque y el Calderón se cayó. Sabía que era la despedida del luso. Y me quedo también con el homenaje al Atlético femenino al finalizar el partido. Campeonas. Un adiós inolvidable firmado por un niño con pecas inolvidables.

 

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