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La alegría de vivir otra semifinal en el Vicente Calderón

El Atleti es puro sentimiento. Tiene una hinchada pasional. Un estadio imponente, vibrante. El Atleti es emoción, coraje, garra, lucha, euforia. Son los nervios de saber que puede suceder cualquier cosa en cualquier minuto. Y cuando llega la victoria después de pasar por todos los estados de ánimo posibles, es pura alegría. Por eso, cuando me pidieron elegir un momento para este 2016, elegí uno en mi casa. No, no en mi sofá. En el asiento de mi estadio. La vuelta de cuartos de final de la Champions League ante el FC Barcelona en el Vicente Calderón.

El Atleti llegaba a su segundo encuentro ante el Barça en Champions con la necesidad de remontar el 2-1 de la ida. Aquel resultado del Camp Nou nos supo a gloria después de jugar durante casi una hora con uno menos. Pero ahora había que darle la vuelta a la eliminatoria con las fuerzas igualadas sobre el terreno de juego. No valían excusas si queríamos volver a soñar. La animación de la grada y el acierto goleador de Griezmann hicieron del partido otra noche mágica.

Los cánticos retumbaban en el Calderón. El equipo presionaba arriba. Y entonces llegó el primer momento de alegría. Gabi recuperaba el balón tras un mal despeje de Jordi Alba. Y Saúl colgaba con el exterior de su bota izquierda un centro perfecto a la cabeza de Griezmann para que hiciera el primero. Estábamos en la siguiente ronda. Pero quedaban muchos minutos de tensión, nervios, de aguantar atrás y sentir la presión de Messi, Iniesta y Neymar.

El Atleti aguantó. Las gargantas en la grada aguantaron. Pero nadie estaba tranquilo en su asiento. Un gol del Barcelona nos dejaba fuera. La afición empujaba y el equipo no se rindió. Así hasta que llegó una contra del Atleti por la izquierda que Iniesta sólo pudo cortar con la mano. ¡Penalti! Griezmann patea y marca. Se desató la emoción en el estadio. Con el 2-0 se fueron los nervios. Estalló la euforia. Un gol del Barça ponía la igualada en la eliminatoria. Pero eso nunca sucedió. Y la fiesta empezó y terminó como siempre, con Griezmann bailando al ritmo del Calderón.

 

Griezmann transformó la tensión del partido en alegría

Podría haber elegido la tanda de penaltis ante el PSV, pero a mi alrededor los abonados transmitían más tensión que alegría con cada lanzamiento acertado. También habría sido un bonito momento el eslalon de Saúl en la ida de semifinales ante el Bayern, pero faltaban 80 largos minutos y la vuelta. Soy más de la emoción del último partido, de la vuelta, y además ya os conté ese tanto aquí. Si me hubiera decantado por el gol de Griezmann en el Allianz Arena, no os podría contar la emoción que se vivió a mi alrededor en el Manzanares. Por ello para mí la explosión de júbilo del Calderón en los cuartos de final de Champions con el primer tanto de ‘El Principito’, y la calma de sabernos con un pie en semifinales después del penalti anotado también por el francés, es mi momento de 2016.

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