La frase más cruel de Michael Jordan sobre Kobe Bryant

Una de las conclusiones más evidentes del famoso documental The Last Dance es que Michael Jordan no eran tan perfecto fuera de las canchas, como lo era dentro de ellas. La producción emitida por Netflix no ha dejado satisfecho, por un motivo o por otro, a prácticamente ninguno de sus protagonistas. El propio Jordan, Horace Grant o Scottie Pippen, son algunos de los que se han manifestado insatisfechos con el resultado final de la producción que ha seducido al público a nivel mundial.

Uno de los detalles que han pasado más desapercibidos y ha sido menos comentado fue el comienzo del capítulo V, en el que salen imágenes del All Star de 1998. El partido de los egos tenía, como plato principal, el duelo entre el Rey del baloncesto, con el mejor aspirante al trono que había tenido en los últimos años.

Kobe Bryant debutaba en el evento del que terminaría siendo el jugador más premiado con cuatro MVP, junto con Bob Pettit. Además, en esa primera cita, se convirtió en el jugador más joven en ser titular del All Star Game en la historia de la NBA. Con 19 años y 170 días llegaba al partido de las estrellas para poder jugar y medirse, al que para muchos ya era el mejor jugador de todos los tiempos.

Entre todas las características que Michael Jordan demostró a lo largo de su carrera, y las que ha hecho patentes con mayor virulencia en The Last Dance, destacan de forma especial su nivel de competitividad y su continua necesidad de ser el mejor… de ser el depredador más alto de la pirámide alimenticia.

Cuando la competitividad se convierte en malicia

Muestra de ello es la frase que dice Michael Jordan, aun siendo conocedor de que está siendo grabado, sobre Kobe Bryant en el vestuario de los jugadores de la Conferencia Este. Esas palabras esconden un punto de malicia y, probablemente, de reminiscencia de su propio pasado más oscuro. En el corte el jugador de los Chicago Bulls habla con Tim Hardaway, Shawn Kemp (raro verle con la camiseta de los Cavs) y Reggie Miller y comentan que Kobe intentará buscar un uno contra uno frente a él en cuanto pueda.

En ese momento es cuando Michael Jordan dice entre risas lo que realmente tenía en su cabeza: Si yo fuera su compañero no le pasaría el balón, si lo quiere, que pille el rebote.

Esta situación no tendría mucho significado si no se compara con uno de los peores momentos que pasó Jordan en su carrera en la NBA, su primer All Star en 1985. Como Kobe, Michael fue el centro de atención de su primer All Star Game, lo cual no gustó a algunos de los jugadores veteranos de la NBA. El escolta de los Bulls llegaba con el halo de ser la nueva super estrella de la liga y todos los focos se centraban en él.

Si yo fuera su compañero no le pasaría el balón, si lo quiere, que pille el rebote”

Su indumentaria personalizada, su cadena de oro al cuello y el desparpajo del que se sabe especial, hizo que algunos de sus compañeros de la Conferencia Este y, también, de la Oeste, se conjuraran para que hiciese un mal partido. El cabecilla de esa conspiración en la sombra contra Jordan era, cómo no, Isiah Thomas, en lo que probablemente fue el inicio de su pésima relación.

Thomas acordó con sus compañeros que le pasaran la pelota solamente cuando no estuviera en posición de ventaja, es decir, cuando estuviera bien defendido y que, obviamente, se la pasaran lo menos posible. Además, en la Conferencia Oeste George Gervin se aplicó especialmente en la defensa de Jordan, lo cual reconoció posteriormente en distintas entrevistas, cediéndole siempre el lado más débil que tenía Jordan en aquel momento para su arranque hacia el aro.

Michael Jordan fue conocedor de toda esta estratagema y decidió que, aquel día en el que debutaba en el All Star, y tan solo anotó 7 puntos en una serie de lanzamiento pírrica de 2 de 9, no iba a quedar en el olvido. Primero, manifestando su disconformidad con el fichaje de George Gervin por los Bulls y, segundo, con su cruzada personal contra Isiah Thomas.

Sea como sea, aquel primer All Star pasó a ser el de un infausto recuerdo para el eterno 23 de los Chicago Bulls. Resulta particularmente curioso que el propio Jordan, en el primer All Star del jugador que aspiraba a ser su auténtico heredero, le deseo exactamente lo mismo que le hicieron a él en su primer All Star.

Aquellas frases de Jordan en el vestuario de All Star de 1998, eran la respuesta natural del depredador que instintivamente se siente amenazado, al igual que ya hizo con un joven Allen Iverson, cuando le recibió con el ‘What’s up, you little bitch?’.

El MVP de aquel primer All Star de Kobe Bryant fue, como no, para Michael Jordan, que además de llevarse el partido, fue el máximo anotador con 23 puntos y curiosamente el que más jugó con un total de 32 minutos. El 8 de febrero de 1998 en el Madison Square Garden, Jordan gritó al mundo del baloncesto, frente a su heredero al trono, la célebre frase… El Rey no ha muerto…. ¡Viva el Rey! Un matiz solamente a la altura de His Airness.

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