Hasta siempre, Vince Carter

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En la vida todo llega y, cómo no, la retirada de Vince Carter no podía ser menos, aunque con la longevidad de su carrera nos ha hecho dudar de cuál sería finalmente su fecha de caducidad. Con él, se va parte de la magia de la NBA de finales del siglo XX y de principios del siglo XXI.

Pocos jugadores han sabido interpretar el arte del espectáculo del baloncesto mejor que él, ya que nos mostró con sus vuelos imposibles que el ser humano podía ir un poquito más allá en la lucha contra la inexorable Ley de la Gravedad, aunque claro, las leyes de la física sólo se pueden aplicar a lo terrícola y Vinsanity tuvo mucho de extraterrestre.

Lamentablemente el final de Vince Carter ha llegado en una de las temporadas más extrañas y complejas de la historia de la NBA. Lo único que ha podido con su récord de 22 temporadas en activo en la NBA, ha sido una pandemia a nivel global.

Hace unos días, Vince afirmaba que su carrera había concluido ya que los Hawks no pasaban a la fase final de la temporada 2019-2020 y con esta noticia se apagaba el último gran vestigio del siglo XX en la NBA.

El legado de un jugador como Carter es mucho más que sus impresionantes cifras estadísticas, ya que siempre será recordado por ser uno de los jugadores más espectaculares de todos los tiempos.

Da igual que sean 15.000, 20.000 o 25.000 puntos, da igual que sean 4.000 o 5.000 o 6.000 rebotes o incluso que haya jugado 1.000, 1.250 o más de 1500 partidos, Vince Carter es indeleble para la memoria de cualquier aficionado de la NBA. Imágenes como estas…. han hecho de Vince Carter, un icono atemporal del arte del vuelo sin motor.

En ocasiones, una imagen vale más que 1.000 palabras y este es un claro ejemplo del acierto del refranero popular.

La mayor pena de la carrera de Don Vince Carter es que ha pasado a formar parte del club del que ningún jugador quiere ser miembro, el de las Grandes estrellas sin anillo de Campeón de la NBA.

A pesar de llegar a jugar hasta en 8 equipos diferentes de la NBA, nunca logró tener la suerte de formar parte de un equipo ganador con aspiraciones reales al título de la NBA, e incluso tampoco lo llegó a priorizar al final de su carrera, ya que antepuso el jugar al baloncesto a ir a un equipo aspirante donde ocupara la parte final del banquillo.

Si el grito de “jugón” tuviera que tener un destinatario único, mi apuesta siempre sería dárselo a Vince Carter, incluso por delante de su primo Tracy McGrady. La sonrisa del “jugón”, como decía don Andrés Montes, siempre le delató como un jugador extraordinario.

Con la despedida de Vince Carter se va una leyenda, un mito, un jugador único que hizo cosas en el baloncesto que otros sólo pueden soñar con hacerlas. Hasta siempre, Vince Carter.

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